domingo, 21 de agosto de 2011

Primera crónica del curso de didáctica II

El 6/8 y la crónica: crónica de un crónica

En algún lugar de la cancha, de cuyos arcos no quiero acordarme, no ha mucho que escribí algo. Con el aliento a cenicero, la mirada ambigua y unos colegas poco más "rancios" que "parceros".

Pasados los quince de las ocho, púseme tenuemente "embalado" cuando el destino de las primeras dos horas del primer viernes del periodo académico se revelaba a mi saber. "Sí hubo didáctica". Las diez horas máximo y una crónica mínimo. Incertidumbre. Desconcierto. Y la voz de John Monsalve, que se alejaba rápido buscando salir del ayuno, pero no tan rápido para que el efecto doppler disipara su "¡toca entregársela en la oficinaaaa!".

Resuelta cuál era mi misión, trasmutando el "enchonche", como quien cambia sus pieles ya muy pesadas y viejas, me vi caminando por la gallera, con lozanía singular. Los pajarracos matitunos  sincopaban mis pasos y el olor a tierra húmeda impregnaba mi mente con la jovialidad de un bambuco; pero la tarea, como una astilla académica incrustada en el espíritu, cambiaba mi rumba criolla por una silletería numerada y taquillada. ¡Pobre Luis A. Calvo! pobre personaje que sometió el placer de la músca a la tediosa academia. ¡Pobre Luis A. Calvo! Pobre auditorio pentagramado para el lucro.

Los inconformismos, víboras de la mente, pudiéronse superar  para una crónica urgente. Pero el 6/8 persistía como saltos cadentes, y mi escrito narrativo resultó diferente. Pensé en el verso y redacté, de repente, lo sucedido esa mañana, con estilo incongruente.

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