domingo, 21 de agosto de 2011

Mario Reyes y su lado sensible

En medio de una universidad escandalosamente tensionada por el abuso de poder de las autoridades policiales, en medio de la dura exigencia (coherente o no) que representa estudiar licenciatura en español y literatura en la UIS, aún quedan personas que reciban a los profesores con una sonrisa, cuando empieza una clase. Con comentarios desinteresados, más encaminados hacia el ambiente jovial que hacia una validación académica, Mario Reyes normalmente recibe a los docentes. Y ellos no siempre responden con el mismo entusiasmo, pero tal vez porque ignoran muchas facetas de este estudiante.

A pocos meses de cumplir un cuarto siglo, Mario sabe que su aspecto físico revela alguna información sobre sí: su calzado deportivo, sus eventuales pantalonetas y los equipos de fútbol de sus camisetas nos llevan a pensar que se trata de un joven deportista, si no amante, por lo menos seguidor del fútbol. No mucha gente imaginaría que se trata de un practicante de ciclo montañismo, aunque es de esperarse. Las que no son de esperarse son algunas facetas que Mario reconoce que no son evidentes en su apariencia física. Por ejemplo, su sensibilidad hacia la música. No muchas personas saben que Mario interpreta el piano, y que, junto a un familiar, hizo parte de una agrupación especializada en serenatas. No mucha gente ha visto a Mario tocando “Corazón de niño”, su obra favorita, en el piano.

El aspecto físico, en resumen, no nos puede decir casi nada sobre una persona. Otro argumento para esto es que nadie va a imaginar, tras echar un vistazo a Mario, que él es un amante de los perros y que se apasiona contando la historia de Sacha, su perrita Pit bull. Era una cachorrita cuando él, en el 2001, con dinero de sus propios ahorros, la compró. Y con sus propios ahorros le compró el alimento, hasta que Sacha se hizo un fuerte animal; que un día, tras recibir un regaño de su amo, le mordió la cara a éste, dejándole una cicatriz en la zona del bigote. “Desde ahí les cogí respeto a los Pit bull”, cuenta Mario afectado.

Mario sabe que se tiene de él una imagen de hombre mujeriego. Pero “solamente compagino muy bien con las mujeres”, es la explicación que da él mismo. Y la verdad es que ya van más de cuatro años, desde que empezó su seria y amorosa relación actual.

Mario no se auto-describe sin mencionar que le encantan los videojuegos, y no duda en hablar de la admiración que siente por Mercedes, su madre, jubilada del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. No duda en reconocer que los momentos más penosos de su vida fueron aquellas épocas en que estresaba a su mamá porque figuraban como perdidas las asignaturas del colegio. Pero aquí no importa el desempeño académico. Lo que importa es que existe un Mario detrás de la imagen que sus conocidos no tan cercanos tenemos de él.

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